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  • Y ella hizo el gesto para dar dos besos, y reaccionando él, se acercó dando un beso que ella relantizaba para averiguar la colonia que embriagaba el ambiente desde que se sentó al lado de él, el segundo beso fue más acogedor mostrando mayor seguridad y confianza al ver que ella se mostraba agradable, de forma que esta vez rozó suavemente la mejilla con los labios.

    Mientras se separaban él miraba sus ojos como un hallazgo que antes no hubiera visto nadie, descubriendo los reflejos verdosos que se fundían veteando el hue de la cara oculta del sol, que se eclipsaba a cada parpadeo de la muchacha.

    Lo que había sido un simple saludo que solo había durado cinco segundos se había alargado en un aura de interés después de estar toda la mañana sumidos en la rutina.

    La corta conversación ha despabilado levemente a Enrique, que retira las sábanas y mientras con el pie desnudo busca la zapatilla por debajo de la cama.

    La roza con la punta de los dedos.

    Al final las encuentra y va al baño dispuesto a darse una ducha.

    El agua caliente sobre su cara le causa una enorme satisfacción, así que abre más el grifo y deja que el pasar del agua tapone los oídos dando la sensación de estar en otro lugar, en otro tiempo.

    Mientras se enjabona y mentalmente hace un recorrido sobre las cosas que se tiene que llevar.

    vent de la ducha y se viste.

    Los cristales están empañados así que solo atina a verse el pelo para peinarse en una esquina del espejo.

    Toma los macutos y vent para el aeropuerto no sin antes hacer una parada en casa de una amiga para tomar un café.

    Cuando llega a la terminal son las 9:50, aun tiene mucho tiempo libre, así que va a comprar un periódico.

    Pero ocurre algo, ve que delante suya una muchacha cae al suelo mientras que un hombre con mala pinta vent disparado con un bolso en la mano.

    Se acerca para ayudarla a levantarse.

    Y solo alcanza a ver unos ojos de preocupación que se mitigan cuando se encuentran con los de Enrique al que le agradece que le ayude.

    ahora te toca a ti- dijo- y me sento en el sofa mientras el se arrodillaba, abrio mis piernas y comenzo a besar mis muslos por su parte interior, subia y subia haciendome desear su lengua en mi coñito, pero cuando llegaba saltaba hacia el otro muslo y me dejaba con las ganas una y otra vez, hasta que en una de ellas puso toda su boca en mi coño y pude sentir por fin su lengua caliente sobre el.

    Mientras estimulaba mi clitoris sus dedos empezaron urgar en la entrada y yo empujaba, y me frotaba ansiando sentirlos dentro de mi, primero uno, apenas la puntita y poco a poco fue metiendolo entero, despues el otro, yo ya estaba apunto de correrme asi que cogia su cabeza y tiraba de su pelo intentando compaginar las embestidas al ritmo que necesitaba y asi senti crecerel orgasmo dentro de mi hasta que estallo violentamente con su deliciosa boca y sus dedos dentro de mi.

    Nos giramos y quede encima suyo, no podia parar de moverme de frotarme contra el, sus manos agarraban mi cintura y acompasaban el ritmo, me deje echar un poco hacia atrás y pude volver a sentir como crecia dentro de mi esa sensacion indescriptible de cuando sabes que va a suceder de nuevo, y sucedió.quede rendida tumbada sobre el por unos instantes.

    Su respiracion se aceleraba con cada enbestida y su ritmo tambien, cuando crei que era elmomento le tumbe de nuevo y me puse en cuclillas moviendome violentamente mientras acompasaba sus sacudidas, su cara se tenso, sus musculos us vientre todo su cuerpo, el sudor empapaba su frente y arqienadose empezo a correrse mientras sus suspiros subian de volumen, unos segundos y su cuerpo se relajo debajo de mi No me movi durante unos minutos dejandola dentro, dejandole disfrutar de esos escasos minutos de semiconciencia, tumbada encima suyo y dejando que el sueño y el cansancio a cudiera a mi cuerpo, me deslice a su lado y nos quedamos dormidos abrazados.

    Lucía oye unos ruidos extraños, que provienen mas allá de la puerta D del aeropuerto de Barajas, como de una discusión.

    hay gente hablando con policías.

    entre ellos un hombre.

    Un hombre bien plantao, bien hecho, como se suele decir.

    es atractivo, digamos que tiene un algo.

    pero al darse la vuelta el hombre.

    Lucía advierte que lleva coleta.

    Como dice su amigo Diego (que es gay) , la de tiempo que te puedes ahorrar en el oscuro mundo de las citas con pequeños detalles, como unos calcetines blancos, unos tirantes tipo Fraga, una esvástica.

    (jeje) Y ella hizo el gesto para dar dos besos, y reaccionando él, se acercó dando un beso que ella relantizaba para averiguar la colonia que embriagaba el ambiente desde que se sentó al lado de él, el segundo beso fue más acogedor mostrando mayor seguridad y confianza al ver que ella se mostraba agradable, de forma que esta vez rozó suavemente la mejilla con los labios.

    Mientras se separaban él miraba sus ojos como un hallazgo que antes no hubiera visto nadie, descubriendo los reflejos verdosos que se fundían veteando el hue de la cara oculta del sol, que se eclipsaba a cada parpadeo de la muchacha.

    Lo que había sido un simple saludo que solo había durado cinco segundos se había alargado en un aura de interés después de estar toda la mañana sumidos en la rutina.

    Había sido muy sencillo: Tal era mi lamentable estado que uno de esos vendedores de baratijas (parecía muy agradable, tan educado me confesaba después, también ella sorprendida) se ofreció para ayudarla a subirme.

    Una vez en casa, me metieron en la cama y ella, tan acogedora siempre, se sintió obligada a invitarle a tomar algo.

    Entonces abrí los ojos, y de verdad que esperaba que fueras tú, Le aparté de un manotazo, y lo hice decidida a echarle de casa, pero entonces vi ese bulto enorme debajo de la toalla y me paré a mitad del gesto.

    Fue solo un segundo, pero me lo tuvo que notar, porque cambió rápido el la mirada de frustración por una sonrisa descarada: -¨te gusta?, me preguntó- El se acercó de nuevo, y con suavidad, pero con una fuerza que sabía que no podría resistir, me cogió la mano y la atrajo hacia sí.

    Creo que le supliqué para que me dejara, pero no estoy segura.se sentó a mi lado y, con una sonrisa de suficiencia, me empezó a desabrochar los botones de la blusa, uno a uno, con una lentitud eterna, que ponía aún más en evidencia mi cooperación.

    Intenté contestarle como se merecía, pero parecía como si mi cuerpo se negara a obedecerme.

    No sé como ocurrió.

    El caso es que mientras mi cabeza me decía que le echara de casa, mis manos estaban ya jugando con el regalito que me ofrecía debajo de la toalla, y es que ya sabes como me pongo cuando alguien me masajea las tetas.

    Yo era un joven universitario que para pagarse los estudios tenía que trabajar los fines de semana, pero por fin había llegado el verano y con ello las vacaciones, unas vacaciones relativas ya que tenía que estudiar para las asignaturas que me habían quedado y a la vez trabajar sirviendo copas.

    En el poco tiempo que me sobraba aprovechaba para ir a la playa o a la discoteca y en ambos sitios veía parejas que se besaban, se acariciaban pero nunca llegaban al sexo.

    Aunque en contadas ocasiones encontré parejas entre arbustos en la playa que estando apenas separados por unos metros fornicaban desinhibidamente y pensé que eso era especial, el hecho de estar rodeado de montones de personas y practicar el sexo desenfrenadamente debía ser algo excitante.

    El verano era largo pero cada verano aprovechaba mi semana libre para viajar con mi ordenador en el coche y presentarme en alguna de esas congregaciones donde se reúnen montones de jóvenes con ordenadores.

    Yo era un fanático de la demoscene y conocía muchos cyberamigos a los que probablemente vería por primera vez este verano.

    Llegue a una de estas reuniones y ahí estaba ella, Raquel se llamaba, solo la había visto en fotos pero había una química especial entre ambos cibernéticamente hablando, a menudo fantaseábamos sobre que íbamos a escaparnos una noche a la playa a darnos placer rebozándonos en la arena, nunca lo creí cierto.

    Lucía oye unos ruidos extraños, que provienen mas allá de la puerta D del aeropuerto de Barajas, como de una discusión.

    hay gente hablando con policías.

    entre ellos un hombre.

    Un hombre bien plantao, bien hecho, como se suele decir.

    es atractivo, digamos que tiene un algo.

    pero al darse la vuelta el hombre.

    Lucía advierte que lleva coleta.

    Como dice su amigo Diego (que es gay) , la de tiempo que te puedes ahorrar en el oscuro mundo de las citas con pequeños detalles, como unos calcetines blancos, unos tirantes tipo Fraga, una esvástica.

    (jeje) Y ella hizo el gesto para dar dos besos, y reaccionando él, se acercó dando un beso que ella relantizaba para averiguar la colonia que embriagaba el ambiente desde que se sentó al lado de él, el segundo beso fue más acogedor mostrando mayor seguridad y confianza al ver que ella se mostraba agradable, de forma que esta vez rozó suavemente la mejilla con los labios.

    Mientras se separaban él miraba sus ojos como un hallazgo que antes no hubiera visto nadie, descubriendo los reflejos verdosos que se fundían veteando el hue de la cara oculta del sol, que se eclipsaba a cada parpadeo de la muchacha.

    Lo que había sido un simple saludo que solo había durado cinco segundos se había alargado en un aura de interés después de estar toda la mañana sumidos en la rutina.

    Entonces levanta suavemente la pierna izquierda que él reconduce hasta ponerla encima de su rodilla mientras ella se escurre hacia un lateral del asiento.

    Tira de la bota que poco a poco va cediendo conforme tira de la bota agarrando con suavidad la hermosa pierna ceñida en aquella media que asemejaba una rejilla, que permitía el leve roce de su piel con la de ella.

    Por fin vent la bota y queda al descubierto su pie enrojecido por el talón.

    Tomó la llave y entró a su habitación.

    Lo primero que hizo fue ir al balcón y mirar a la calle.

    Se veían pequeños comercios y las casas no eran más grandes de 4 pisos.

    Se podía decir que eran barrios acogedores.

    Junto al hotel había una pequeña heladería.

    Así que decidió que se ducharía y saldría a dar una vuelta ya que le quedaban unas dos horas hasta su reunión.

    La habitación no era muy grande, pero era muy luminosa.

    Las cortinas eran de lino de hue amarillo, y la cama era de estilo moderno, sobre la que puso la ropa.

    La llamé, le puse un nombre, Sofía le dije, ven, mírame más de cerca, bésame la punta de mi pene cariño (Dios!! Si yo le sacaba mas de 25 años de edad!!) .

    Cual fue mi asombro que la puta chiquilla se acercó, pero no me miró el pene, no.

    Me puso su chorreante coñito en mi cara; yo quería sexo pero ella más.

    Le lamí todo su húmedo coño, me metí sus pequeñas tetas en mi boca, la follé una y otra vez con mi lengua.

    Acto seguido la enganché y me la llevé a la bañera.

    Quería metérsela allí, quería que viera la luna, quería follarme a aquella perra.

    Me corrí en su almejita ardiente, en su boca, en sus pezones.

    Me corrí en toda ella y ella misma gritó de placer.

    Me desperté, estaba en mi cama, sudado otra vez.

    ¿Otra vez? No! Todo había sido un sueño.

    Pero mi polla estaba realmente tiesa y ardiente.

    Ese día había ambiente en la calle, el café estaba lleno de gente que descansaba de su día de compras.

    Y de fondo el sonido de las ramas de los árboles cimbreando entre si junto con el sonido de un piano procedente de un piso cercano.

    Tocaba rápido, parecía jazz.

    Y al minuto volvió a levantar la cabeza del periódico.

    A lo lejos veía la imagen esbelta de una mujer que aun sin apreciar el rostro juraba que era de ELLA.

    Un contoneo sensual de cintura al andar marcaba el ritmo con las que se movían las ramas, con la que sacudían las sábanas las mujeres, con las que silbaba el tendero.

    Aquellas piernas que había acariciado en el avión también marcaban ya su palpitar.

    Y su rostro a cada paso se definía más y más.

    Sentí que derramaban algo muy caliente en mis muslos y creí que me quemaría.

    Pero la sensación pasó rápidamente.

    Debía ser cera.

    Luego me arrancó lentamente un pedazo y luego otro y así.

    La sensación era dolorosa pero soportable.

    A continuación me echaron cera entre las nalgas y en mi orificio, donde la piel era más sensible.

    Eso dolió más y estuve a punto de gritar.

    No lo hice para no escuchar sus burlas, pero sabía que estaban estudiándome la cara.

    ¿En que clase de lugar estaba? Ni siquiera podía saber si en ese preciso momento me estaban vigilando.

    En un mundo de puertas cerradas y edificios de los que uno no se pregunta que pasa adentro vería otro mundo.

    Comprendí que eso era lo que ellas querían.

    Me habían dejado solo para que mi imaginación se pusiera en marcha.

    Torpemente traté de enderezarme y entonces ella me remató con un golpe en la nariz.

    Los ojos se me llenaron de lágrimas.

    Sentí que me dejaba dominar por la ira y me lancé sobre ella.

    Ese fue mi fallacy capital.

    La tipa me esquivó fácilmente y me botó al piso con una barrida.

    Antes de que me diera cuenta de lo que me había pasado me estaba retorciendo el brazo.

    Por primera vez pensé que la otra niña podía ser efectivamente una especie de guardaespaldas.

    La estudié con atención.

    Esto era algo muy distinto al pool.

    La tipa medía un metro sesenta y cinco más o menos.

    Era muy hermosa.

    Sus manos eran pequeñas.

    Eso me hizo confiarme y acepté.

    Luego vino un cuarto y un quinto.

    Por mientras las desocupadas hacían el amor con los tipos que ya habían pasado por mí.

    Lo que siguió pasando no lo sé muy bien.

    Supongo que el mismo agotamiento y las tensiones a las que había sido puesto a prueba se cobraron lo suyo y no podría decir con precisión lo que ocurrió después.

    El caso es que parece que caí en un estado en el cual era incapaz de reaccionar.

    Ni los golpes, ni las amenazas, ni las burlas me hacían el menor efecto.

    Cuando después de aporrearme un poco se dieron cuenta de que algo grave me pasaba me llevaron donde otra mina y que me inyectó algo.

    Y de ahí a la cama.

    Entonces el de atrás eyaculó y sentí su esperma caliente en mi orificio.

    Entonces fue reemplazado por uno de los que tenía adelante.

    Por mientras los masajes que la compasiva niña hacía en mi pene estaban surtiendo efecto.

    Yo también estaba a punto de eyacular.

    Creo que lo hice en el momento de que el jinete de atrás también descargó su semen.

    La mezcla de dolor, placer y humillación era para volverse loco.

    La Valentina me agarró el pelo y me hizo alzar la cabeza.

    La Sofía me encajó de golpe un consolador por el recto.

    Lo hizo con tanta fuerza que los ojos se me llenaron de lágrimas.

    Abrí la boca para gritar y varias manos me agarraron con fuerza del pelo y me empujaron haciéndome que me tragara todo el cañón del tipo.

    Me parece que a él también lo sujetaron en ese momento.

    Esa noche había ido a relajarme a un club nocturno donde tenían pool.

    Pedí un combinado y me puse a ver el espectáculo.

    Pasado un rato me aburrí de estar sentado y decidí aprovechar que nadie estaba ocupando la mesa y me puse a practicar un poco solo.

    Tengo el hábito pasear solo por la ciudad.

    A veces al pasar entre sus edificios trato de imaginarme la vida que llevará la gente que los habita y los secretos que guardan.

    mí me tocó vivir una vez parte de este mundo misterioso y absolutamente secreto, y de eso voy a hablar ahora.

    Gire mi cara ansiando el contacto de su boca en la mia, sus labios se posaban despacio en los mios y poco a poco apretaban y se abrian dejando paso a su lengua que ya peleaba por entrar y la mia salia en su busca, me gire del todo y me apretaba contra su boca saboreando su aliento perdiendome totalmente en la sensacion que me daba su beso.

    Bese sus labios su cara, su cuello, mi lengua se aventuraba en sus orejas, sin poder evitarlo le daba mordiscos.

    Mis manos desabrocharon su camisa le pegue a la pared y me deslice besando y acariciando su pecho, me entretenia en sus pezones mientras mi mano buscaba aquel bulto que habia sentido tan cerca haciua unos instantes.

    Me sento en sus rodillas mientras yo le terminaba de sacar su camisa, Me puse de pie en frente de el y cogi su mano como si fuera la mia acariciandome psandola por mis piernas, por mi trasero, bajandome las bragauitas, le ayiude a quitarme la falda y me quede desnuda frente a el, volvi a coger sus manos y mientras con una acariciaba msi pechos meti la otra entre mis piernas masturbandome, empujando levemente sus dedos gfuaindolos hacia mi agujerito pero sin llegar a meterlos, deleitandome con sus manos como sifueran las mias y el no dejaba de mirarme.

    Esa noche había ido a relajarme a un club nocturno donde tenían pool.

    Pedí un combinado y me puse a ver el espectáculo.

    Pasado un rato me aburrí de estar sentado y decidí aprovechar que nadie estaba ocupando la mesa y me puse a practicar un poco solo.

    Tengo el hábito pasear solo por la ciudad.

    A veces al pasar entre sus edificios trato de imaginarme la vida que llevará la gente que los habita y los secretos que guardan.

    mí me tocó vivir una vez parte de este mundo misterioso y absolutamente secreto, y de eso voy a hablar ahora.

    Gire mi cara ansiando el contacto de su boca en la mia, sus labios se posaban despacio en los mios y poco a poco apretaban y se abrian dejando paso a su lengua que ya peleaba por entrar y la mia salia en su busca, me gire del todo y me apretaba contra su boca saboreando su aliento perdiendome totalmente en la sensacion que me daba su beso.

    Bese sus labios su cara, su cuello, mi lengua se aventuraba en sus orejas, sin poder evitarlo le daba mordiscos.

    Mis manos desabrocharon su camisa le pegue a la pared y me deslice besando y acariciando su pecho, me entretenia en sus pezones mientras mi mano buscaba aquel bulto que habia sentido tan cerca haciua unos instantes.

    Me sento en sus rodillas mientras yo le terminaba de sacar su camisa, Me puse de pie en frente de el y cogi su mano como si fuera la mia acariciandome psandola por mis piernas, por mi trasero, bajandome las bragauitas, le ayiude a quitarme la falda y me quede desnuda frente a el, volvi a coger sus manos y mientras con una acariciaba msi pechos meti la otra entre mis piernas masturbandome, empujando levemente sus dedos gfuaindolos hacia mi agujerito pero sin llegar a meterlos, deleitandome con sus manos como sifueran las mias y el no dejaba de mirarme.

    Comenzaré por presentarme, mi nombre es Carlos, mido 1.85, delgado, muy cachondo pero reservado ante la gente.

    Esta experiencia comenzó en el año 2000 cuando en el despacho que trabajo contrataron a una secretaria, a quien llamare Ana, he de decirles que en mi trabajo no abundan las mujeres mas bellas, a excepción de una de mis socias y dos secretarias que lamentablemente se encuentran casadas y por lo que veo muy bien atendidas por sus hombres, pero en fin.

    Recuerdo que era un lunes cuando se presento a trabajar Ana, cuando entro a la oficina no pude mas que mirar a una mujer de alrededor de 30 años, perfectamente vestida con un traje sastre color beige, algo ajustado, con el pelo recogido en una cola de caballo, medias a medio muslo, por el ligero marcado que hacia su liguero, su cuerpo dejaba ver que se mantenía en buena forma, la jefa de personal llego hasta mi despacho y me dijo que por ordenes de la dirección Ana sería mi nueva asistente, cosa que no podía creer y que me resulto extraña, pero el ver a esta mujer solo asentí con a cabeza.

    Una vez que se sentó frente a mi escritorio se presento mi seria y con un firme apretón de manos le di la bienvenida y le ordene que se pusiera al tanto de mis documento, agenda, etc., al momento que salio de mi despacho, no pude dejar de apreciar su bien formado par de nalgas que ni siquiera temblaban, sin dejar de mirar la marca que evidenciaba su liguero, así transcurrió mas o menos un mes y medio, hasta que un día tuvimos que trabajar un poco tarde, por lo que pensé que era mi oportunidad de intimar un poca más con ella, enterándome de que no tenia novio ni pareja ni nada, cosa que me dio mucho gusto porque tenia el campo libre.

    Traté de decir algo, pero en ese momento sentí un pinchazo en una nalga y todo se oscureció.

    Me desperté en una habitación.

    Tan pronto me pude levantar busqué la puerta de salida la cual resultó estar cerrada con llave.

    En vista de eso revisé la habitación.

    Había retrete lavatorio y ducha.

    Pasó un buen rato antes de que sintiera pasos al otro lado de la puerta.

    Seguido del ruido que hace una llave en una cerradura.

    La puerta se abrió y apareció la niña del pool.

    Venía con la otra niña.

    Finalmente me eché la bola 14 y quedé listo para echarme la 15.

    Estaba un poco nervioso probablemente si fallaba.

    Ella ganaría.

    Me concentré y tiré la bola blanca salió hacia la 15 y la golpeó.

    La bola 15 avanzó recto hasta el agujero disminuyendo su rapidez y cuando pareció que iba a entrar se detuvo.

    Los nervios me habían traicionado y había tirado demasiado despacio.

    Entonces jugó ella, se echó la 15 y ganó.

    Lo pensé.

    Yo tenía una ligera ventaja.

    Miré a su amiga que sonreía pícaramente y no sé si fue por los tres combinados que a esas alturas ya me había tomado, o por el puro desafío, o por lo morboso de la proposición; pero acepté.

    El juego siguió.

    Y a pesar de que yo había decidido concentrarme para ganar, ella parecía lograr jugar al mismo nivel que yo.

    El salón se había ido vaciando.

    Llego el momento en que solo quedábamos nosotros tres.

    Empezamos a jugar.

    No soy un mal jugador pero ella tampoco lo hacía mal.

    Resultó ser un juego bastante parejo y .

    excitante dado lo que nos jugábamos.

    Como es natural trate de averiguar el máximo posible de cosas de ella, pero lo único que pude saber era que se llamaba Luna y su amiga se llamaba Valentina, y ni siquiera podía saber si me estaba diciendo la verdad.

    La niña que estaba bailando en pelota, bajó del escenario.

    Empezó a pasearse entre los clientes que aprovechaban de tocarla.

    Después vino hacia a mí.

    Me abrazó y yo también la abracé a ella.

    Se colocó entre yo y la mesa y dirigió mis manos que no habían soltado el taco de tal modo que yo apuntaba a la mesa sin dejar de rodearle el cuerpo con los brazos.

    Inmediatamente después, le quite el traje sastre que llevaba dejándola en brassiere, una tanga hermosa y para rematar un liguero color champaña que le hacia juego, comencé por recorrer con mis manos todo su cuerpo, sin dejar espacio alguno sin sentir, después le quite el brassiere dejando al descubierto un par de tetas redondas, grandes y coronadas por un par de pezones rosados y duros como piedras, sus tetas casi me ahogaban, mientras que ella me tomaba de la cabeza y me restregaba esos pedazos de carne, una de mis manos tocaba su concha por enzima de su tanga humedecida por sus jugos, baje poco a poco hasta su concha haciendo a un lado su pequeño calzoncito y probando sus jugos, mientras lo hacia ella se retorcía de placer, tomando mi cabeza apretando contra su colita, y fue en ese momento que sentí sus contracciones y el incremento de sus jugos en mi boca, signo inequívoco de que se esta corriendo, me separe de ella y para ese entonces mi verga estaba lista para penetrar a Ana, la acosté en la cama y de un solo golpe mi verga entro hasta el fondo de su concha, después la puse en cuatro y la penetre desde atrás y al poco tiempo se detuvo y abriendo un poco más sus piernas me pidió que la montará ensartándole la verga por el culo y poco a poco se fue perdiendo mi verga dentro de aquel culo rosado y comencé a meter y a sacar hasta que tuvo un nuevo orgasmo que me obligo a llenar de mi lecha todo el culo de Ana.

    ahora te toca a ti- dijo- y me sento en el sofa mientras el se arrodillaba, abrio mis piernas y comenzo a besar mis muslos por su parte interior, subia y subia haciendome desear su lengua en mi coñito, pero cuando llegaba saltaba hacia el otro muslo y me dejaba con las ganas una y otra vez, hasta que en una de ellas puso toda su boca en mi coño y pude sentir por fin su lengua caliente sobre el.

    Mientras estimulaba mi clitoris sus dedos empezaron urgar en la entrada y yo empujaba, y me frotaba ansiando sentirlos dentro de mi, primero uno, apenas la puntita y poco a poco fue metiendolo entero, despues el otro, yo ya estaba apunto de correrme asi que cogia su cabeza y tiraba de su pelo intentando compaginar las embestidas al ritmo que necesitaba y asi senti crecerel orgasmo dentro de mi hasta que estallo violentamente con su deliciosa boca y sus dedos dentro de mi.

    Nos giramos y quede encima suyo, no podia parar de moverme de frotarme contra el, sus manos agarraban mi cintura y acompasaban el ritmo, me deje echar un poco hacia atrás y pude volver a sentir como crecia dentro de mi esa sensacion indescriptible de cuando sabes que va a suceder de nuevo, y sucedió.quede rendida tumbada sobre el por unos instantes.

    Su respiracion se aceleraba con cada enbestida y su ritmo tambien, cuando crei que era elmomento le tumbe de nuevo y me puse en cuclillas moviendome violentamente mientras acompasaba sus sacudidas, su cara se tenso, sus musculos us vientre todo su cuerpo, el sudor empapaba su frente y arqienadose empezo a correrse mientras sus suspiros subian de volumen, unos segundos y su cuerpo se relajo debajo de mi No me movi durante unos minutos dejandola dentro, dejandole disfrutar de esos escasos minutos de semiconciencia, tumbada encima suyo y dejando que el sueño y el cansancio a cudiera a mi cuerpo, me deslice a su lado y nos quedamos dormidos abrazados.

    Ya había recogido mis cosas y apagado las luces de la oficina cuando le llamé para que saliera del despacho.

    No contestaba, y me acerqué hasta la puerta.

    pude contemplarle sentado en mi sillón tras la mesa.

    Había encendido la lámpara de sobremesa y retirando los papeles, me pedía insinuante que me acercara a él.

    Recordar su mirada sensual me produce una agradable sensación y rememoro cómo me excitó aquella tarde al agarrar mi cintura y situarme entre sus piernas, susurrándome lo estimulante que sería hacerme el amor sobre la mesa.

    La agitación era tal que no pude evitar empezar a desabrochar su camisa que casi quité a jirones llevada por tanta excitación.

    Sus manos jugaban ahora en las curvas de mis senos y por encima de la camisa pellizcaba mis pezones que brotaban rígidos, los mordisqueaba, y apretaba mis pechos sacándolos por encima de mi ropa interior, dejando al descubierto mis pezones rosados que relamía con impaciencia, achuchando su vientre contra el mío.

    Buscaba su lengua ardorosa con la mía, deseaba su boca y mis manos intentaban a la vez, desabrochar su cinto, abrir su bragueta y tomar su verga excitada y deseosa.

    Entre los dos lo hicimos y cuando hubo emergido erecta y firme entre sus piernas, me bajó de la mesa y poniéndome de espaldas retiró mis bragas, levantó una de mis piernas y me penetró con brío, como hacia tiempo que no lo hacía.

    me follaba desesperadamente .

    metía y sacaba su polla una y otra vez, oprimía mis pechos pellizcándolos hasta casi producirme dolor, mordía mi cuello exhalando su aliento caliente estremeciéndome.

    Por dos o tres veces he estado casi seguro al cruzarme con mujeres.

    Incluso me da la impresión de que ellas desvían la mirada y se ríen discretamente.

    Siempre está la duda de que si ellas pusieron el video en Internet.

    A veces se me confunde la secuencia de las cosas y a veces he llegado a dudar de que hayan pasado realmente.

    He vuelto a mis paseos.

    Camino por las calles de la ciudad en busca de alguna aventura y pensando en el mundo secreto que guarda en sus rincones más ocultos.

    Me vestí y me aventuré a abrir la puerta la que para mi sorpresa estaba sin llave.

    No me costó mucho salir del edificio.

    Tampoco encontré el menor rastro de mis captoras.

    Volví a mi casa y la gente que conocía se alegró de verme, pero como a veces me ausento sin dar muchas explicaciones de lo que hago y en general llevo una vida bastante solitaria, nadie se extrañó de nada.

    Resultó que había estado ausente por unos diez días.

    Yo había perdido la noción del tiempo Me dediqué a descansar y esperar a que se me borraran las cicatrices.

    No tuve problemas para volver a mi trabajo.

    A veces cuando camino por la calle creo reconocer a mis captoras pero nunca estoy seguro.

    Todo esto lo supe por algunos comentarios que hizo la niña que me atendía en la cama y me siguió cuidando por algunos días hasta que pude reaccionar.

    Recuerdo que cuando recuperé la lucidez ella me abrazó y entonces hicimos el amor con mucho cariño.

    Me dijo que al día siguiente podría irme, pero que pasara lo que pasara, me acordara de que ella había sido buena conmigo.

    Yo solo la miré sin comprender, pero no dije nada.

    Después de esa noche cada día fue mas relajado entre nosotros, volviéndose una relación más de amistad que de trabajo, hasta que comenzamos a tratar el tema sexual, al principio de forma superficial y cada día hablamos de temas específicos y como comprenderán, las charlas nos calentaban a ambos, comenzando a echarnos miradas mas intensas y profundas, comenzamos con insinuaciones y juegos irresistibles, hasta que un buen día estábamos jugando como siempre y le dije – ese cuerpo parece que necesita una buena atención – y ella me respondió – pues no me digas mejor practica --, esa respuesta no me la esperaba y sin pensar cerré la puerta de mi despacho y la tome por la cintura, acomodando su hermoso trasero en mi dura erección, logrando que la sintiera, porque solo la escuche emitir un ligero gemido, sin embargo recobre la razón y volteándola hacia mi, le dije que esperaba que esa noche pudiéramos tomar una copa o un café después del trabajo y así sucedió, una vez que terminamos de tomar nuestra copa y seguir hablando de cosas erótica y super cachondas, salimos del bar y nos dirigimos a un motel.

    Empecé a pasarle la lengua por el glande, pero cuando me la quise comer entera, me la arrebató de nuevo.

    No pude resistirme ya cuando me dio la vuelta, me bajó las braguitas de un tirón y empezó a pasármela lentamente por el coño, y es que aun cuando le pedía por favor no me hagas eso era yo misma quien la abría el culo para que entrara.

    Al día siguiente, cuando volví a casa, me estaba esperando en la puerta del portal.

    Intenté hacerme la loca, pero se metió conmigo en el descansillo, en el ascensor.

    Ni siquiera le miré a la cara mientras oprimía el botón del piso, pero él no había ido a perder el tiempo: antes de llegar al principal ya estaban las bragas rendidas en el suelo.

    Se bajó en el siguiente piso, no sin antes fijar su mirada en mis tetas.

    -Déjame ya, Simón, le dije al quedarnos solos, pero ya tenía dos dedos encajados en mi chochito y me obligaba a moverme al ritmo que me marcaba-, y no paró ni siquiera cuando salimos del ascensor, ni cuando abrí la puerta, aunque ni siquiera me entraba la llave.

    Había asistido al diálogo entre aturdida y excitada, aceptando con el cuerpo los toqueteos a los que me sometían, pero al escuchar esto último, intenté‚ enderezarme y recuperar mi compostura.

    En vano.

    El otro estaba ya con la polla al aire, entre mis muslos, mientras mi amante me follaba la boca con su lengua.

    Era como si estuviera partida en dos, con estímulos que iban desde la boca a las tetas, en las que ahora se engolfaban los dos cerdos, ora pellizcándome los pezones, ora sobándomelas como animales, y de estas al coño en el que notaba una polla enorme por delante, la que ya conocía y me tenía sometida y otra, no menos poderosa, empezando a buscar su sitio por detrás.

    Hoy no ha sido un día corriente.

    La paz y la relajación del fin del semana han ido desapareciendo a lo largo de este lunes apático que me tiene desbordada de tantas llamadas, problemas y esta simple reunión de la que acabo de salir.

    Solo quiero que termine la jornada, llegar a casa y tomar una ducha que haga desaparecer en mí esta tensión y este malestar que me embriaga.

    Dos días después nos encontramos saliendo del recinto casualmente, íbamos a comprar comida y acabamos sentados en un banco hablando, yo notaba como ella se acercaba poco a poco a mi intentando que yo no me diera cuenta, me cogió la mano y la metió por debajo de su blusa, ella no llevaba sujetador y tenia los pezones durísimos, como dos piedras, entonces empezamos a sobarnos y a besarnos, ella se montó encima mía y dejando la falda arriba rozaba sus bragas con la dura silueta que se dibujaba en mis pantalones, ella cabalgaba sobre mi desorbitadamente, me mordía el cuello mientras yo acariciaba sus pezones y su trasero, el calentón era tan grande que acabé corriéndome encima y ella aunque decepcionada fue parando ya que sabía que en ese lugar no podíamos hacer mucho más.

    Notó también mi respiración, algo mas acelerada y esos factores fueron los que supongo que la llevaron a desnudarme completamente y desnudarse ella también.

    Ahora empezaba a lamerme y a tocarme la entrepierna y esporádicamente me lamía el glande, yo estaba muy caliente solo pensaba: .Fóllame ya, Fóllame ya! .

    Dejo de manosear mi pene con su lengua y note como se recostaba, se había puesto de cuclillas y cogía mi pene jugando con el a mojarse los labios de su coñito que estaba muy mojado y depiladito, tenía la sensación de que mi pene besaba su coño por momentos pero nunca se lo introducía hasta que lo dejo quieto apoyado en sus labios y apoyo sus manos sobre mis pectorales a la vez que se introducía mi desnuda verga hasta todo lo adentro que pudo, eso sí muy lentamente.

    Se la saco muy lentamente también y se acerco a mi oído a decirme:

    Me atrajo hasta él, me besó lentamente y sentándome encima de su verga, me penetró nuevamente.

    Sentí el ardor de su polla entrando y saliendo de mí, caliente, húmeda, alzada recta, olímpica.

    Empezó a moverse levantándome en cada embestida, sacándola y metiéndola una y otra vez hasta volver a sentir un nuevo orgasmo tan disfrutado o más que el anterior.

    El fuego de su semen me inundó.

    Nuestros cuerpos volvieron a temblar y me pidió que no me moviera, que quería sentirme plena, sentir como los espasmos de mi vagina terminaban de presionar su pene que emanaba los últimos jugos.

    Después de aquello nos vestimos y nos fuimos a casa.

    Se duchó antes que yo y cuando llegué a la cama le encontré dormido.

    era como contemplar el descanso del guerrero tras una ardua batalla.

    Termino de recordarle así, recojo mis cosas, apago las luces del despacho y me marcho a casa con otro ánimo.

    Sólo pensar en él me ha devuelto la sonrisa por hoy.

    Ella le miró cuando comenzó a internarse en el agua, vio su sonrisa y la expresión apremiante en sus ojos verdes, después vio la forma de su virilidad que comenzaba a cambiar.

    Experimentó una agitación profunda como respuesta, se le acercó y le echó los brazos al cuello, él se inclinó para besarla, deslizó las manos por la espalda y sintió la piel calentada por el sol.

    A ella le encantaba la caricia y respondió con un ansia instantánea y sorprendente.

    Relájate.

    Por hoy ya terminamos contigo.

    -En las manos traía un vaso con agua y una pastilla que me hizo tomar.

    Mientras me desataban perdí la conciencia.

    Me desperté en una cama.

    Me sentía limpio, entonces recordé paso a paso lo que había pasado el día anterior, pero el cuerpo me dolía y era casi incapaz de moverme.

    Eché una mirada a la habitación y vi una ventana con barrotes, cuando me pude parar descubrí que estaba en el último piso en un edificio.El primer azote lo recibí en las nalgas desnudas.

    Me dolió tanto que no pude evitar abrir la boca.

    Pero pude controlarme y no grité.

    Entonces empezó a azotarme con la manguera de la manera más brutal y violenta.

    La mujer que estaba detrás de mí, completamente desnuda y armada con un látigo de goma; estaba totalmente transformada.

    Atrás la sentía jadear enajenada totalmente por lo que me estaba haciendo.

    Empecé a temer por mi vida.

    El dolor era insoportable y no podría resistirlo por mucho tiempo más.

    La transpiraba a mares.

    Tenía que hacer algo.

    tenía que hacer algo.

    Pero no podía desatarme.

    Entonces los azotes se detuvieron y sentí para mi gran alivio que me bañaban con un bidón de agua tibia.

    Ella se paró frente a mí, bañada en sudor, Los senos subían y bajaban espasmódicamente.

    Nadie decía nada.

    Entonces me abrazó.

    Oye.

    ¿Por qué no contestas? - Dijo una que hasta entonces solo se había limitado a mirar.

    Me di cuenta que era la chica que había visto bailar desnuda cuando acepté la proposición de Luna.

    Me acordé de que se llamaba Paty.

    Entonces ella me agarró las pelotas y empezó a apretar con fuerza.

    Llamamos a la puerta para que nos abriera pero había salido, así que Lucía sacó la copia de llaves que Rocio le había dejado.

    Entraron en la casa y pasaron al salón.

    Enrique cogió el mando de la televisión y la encendió mientras que Lucía iba al servicio.

    De fondo se escuchaba el telediario, eran las dos y media de la tarde.

    Cuando salió del servicio se fue a la cocina y puso un cazo con agua para hervirla.

    Luego se acercó al sofá en donde estaba sentado Enrique y comenzó a darle un suave masaje en la cabeza.

    Entrelazó sus dedos entre el pelo y él dejó la cabeza reposar en el sofá rendido al placer de aquel regalo.

    Movía los dedos haciendo pequeños círculos desde la nuca hasta la frente, despeinándole lentamente.

    Pero había algo que a ella le molestaba mucho, esa coletilla!!!, que para colmo tenía una goma muy apretada.

    Tenía que hacer algo!!.

    Miró alrededor y vio que cerca había una caja de costura.

    Así que una mano dejó de dar masajes para buscar en la costura unas tijeras, que por fin encontró.

    Cuando terminaron, cada uno recogió su plato y dejaron la mesa limpia.

    Después se sentaron en el sofá a ver un rato la televisión.

    Rocio con el paso de los minutos y después de haber comido tanto se quedó dormida.

    Lucía se apoyó sobre el pecho de Enrique rodeando su cintura con un brazo.

    Él correspondió acariciando su pelo suavemente.

    Así permanecieron durante largo rato haciendo la digestión.

    La corta conversación ha despabilado levemente a Enrique, que retira las sábanas y mientras con el pie desnudo busca la zapatilla por debajo de la cama.

    La roza con la punta de los dedos.

    Al final las encuentra y va al baño dispuesto a darse una ducha.

    El agua caliente sobre su cara le causa una enorme satisfacción, así que abre más el grifo y deja que el pasar del agua tapone los oídos dando la sensación de estar en otro lugar, en otro tiempo.

    Mientras se enjabona y mentalmente hace un recorrido sobre las cosas que se tiene que llevar.

    Sale de la ducha y se viste.

    Los cristales están empañados así que solo atina a verse el pelo para peinarse en una esquina del espejo.

    Toma los macutos y sale para el aeropuerto no sin antes hacer una parada en casa de una amiga para tomar un café.

    Cuando llega a la terminal son las 9:50, aun tiene mucho tiempo libre, así que va a comprar un periódico.

    Pero ocurre algo, ve que delante suya una muchacha cae al suelo mientras que un hombre con mala pinta sale disparado con un bolso en la mano.

    Se acerca para ayudarla a levantarse.

    Y solo alcanza a ver unos ojos de preocupación que se mitigan cuando se encuentran con los de Enrique al que le agradece que le ayude.

    Relájate.

    Por hoy ya terminamos contigo.

    -En las manos traía un vaso con agua y una pastilla que me hizo tomar.

    Mientras me desataban perdí la conciencia.

    Me desperté en una cama.

    Me sentía limpio, entonces recordé paso a paso lo que había pasado el día anterior, pero el cuerpo me dolía y era casi incapaz de moverme.

    Eché una mirada a la habitación y vi una ventana con barrotes, cuando me pude parar descubrí que estaba en el último piso en un edificio.El primer azote lo recibí en las nalgas desnudas.

    Me dolió tanto que no pude evitar abrir la boca.

    Pero pude controlarme y no grité.

    Entonces empezó a azotarme con la manguera de la manera más brutal y violenta.

    La mujer que estaba detrás de mí, completamente desnuda y armada con un látigo de goma; estaba totalmente transformada.

    Atrás la sentía jadear enajenada totalmente por lo que me estaba haciendo.

    Empecé a temer por mi vida.

    El dolor era insoportable y no podría resistirlo por mucho tiempo más.

    La transpiraba a mares.

    Tenía que hacer algo.

    tenía que hacer algo.

    Pero no podía desatarme.

    Entonces los azotes se detuvieron y sentí para mi gran alivio que me bañaban con un bidón de agua tibia.

    Ella se paró frente a mí, bañada en sudor, Los senos subían y bajaban espasmódicamente.

    Nadie decía nada.

    Entonces me abrazó.

    Oye.

    ¿Por qué no contestas? - Dijo una que hasta entonces solo se había limitado a mirar.

    Me di cuenta que era la chica que había visto bailar desnuda cuando acepté la proposición de Luna.

    Me acordé de que se llamaba Paty.

    Entonces ella me agarró las pelotas y empezó a apretar con fuerza.

    Yo era un joven universitario que para pagarse los estudios tenía que trabajar los fines de semana, pero por fin había llegado el verano y con ello las vacaciones, unas vacaciones relativas ya que tenía que estudiar para las asignaturas que me habían quedado y a la vez trabajar sirviendo copas.

    En el poco tiempo que me sobraba aprovechaba para ir a la playa o a la discoteca y en ambos sitios veía parejas que se besaban, se acariciaban pero nunca llegaban al sexo.

    Aunque en contadas ocasiones encontré parejas entre arbustos en la playa que estando apenas separados por unos metros fornicaban desinhibidamente y pensé que eso era especial, el hecho de estar rodeado de montones de personas y practicar el sexo desenfrenadamente debía ser algo excitante.

    El verano era largo pero cada verano aprovechaba mi semana libre para viajar con mi ordenador en el coche y presentarme en alguna de esas congregaciones donde se reúnen montones de jóvenes con ordenadores.

    Yo era un fanático de la demoscene y conocía muchos cyberamigos a los que probablemente vería por primera vez este verano.

    Llegue a una de estas reuniones y ahí estaba ella, Raquel se llamaba, solo la había visto en fotos pero había una química especial entre ambos cibernéticamente hablando, a menudo fantaseábamos sobre que íbamos a escaparnos una noche a la playa a darnos placer rebozándonos en la arena, nunca lo creí cierto.

    Ya había recogido mis cosas y apagado las luces de la oficina cuando le llamé para que saliera del despacho.

    No contestaba, y me acerqué hasta la puerta.

    pude contemplarle sentado en mi sillón tras la mesa.

    Había encendido la lámpara de sobremesa y retirando los papeles, me pedía insinuante que me acercara a él.

    Recordar su mirada sensual me produce una agradable sensación y rememoro cómo me excitó aquella tarde al agarrar mi cintura y situarme entre sus piernas, susurrándome lo estimulante que sería hacerme el amor sobre la mesa.

    La agitación era tal que no pude evitar empezar a desabrochar su camisa que casi quité a jirones llevada por tanta excitación.

    Sus manos jugaban ahora en las curvas de mis senos y por encima de la camisa pellizcaba mis pezones que brotaban rígidos, los mordisqueaba, y apretaba mis pechos sacándolos por encima de mi ropa interior, dejando al descubierto mis pezones rosados que relamía con impaciencia, achuchando su vientre contra el mío.

    Buscaba su lengua ardorosa con la mía, deseaba su boca y mis manos intentaban a la vez, desabrochar su cinto, abrir su bragueta y tomar su verga excitada y deseosa.

    Entre los dos lo hicimos y cuando hubo emergido erecta y firme entre sus piernas, me bajó de la mesa y poniéndome de espaldas retiró mis bragas, levantó una de mis piernas y me penetró con brío, como hacia tiempo que no lo hacía.

    me follaba desesperadamente .

    metía y sacaba su polla una y otra vez, oprimía mis pechos pellizcándolos hasta casi producirme dolor, mordía mi cuello exhalando su aliento caliente estremeciéndome.

    Dejó caer el periódico sobre el banco y adelantó una mano que delicadamente rodeó su cintura hasta acercarla con un leve impulso hasta su rostro.

    y entonces él le dio un beso en la mejilla, uno solo, uno que valía por muchos.

    era una caricia de algodón, un fundido de añoranza.

    Y así lo recibió ella, con una sonrisa y con los ojos fijos en el horizonte, dando su beso al cielo por sentir aquella maravilla.

    Humedeció sus labios con un leve roce de la lengua y besó el labio inferior de ella como si de un lóbulo de fruta fresca se tratara, y sin dejarlo escapar acaparó intensamente la boca de Lucía que reclamaba más con la respiración entrecortada.

    Sentían el calor de sus rostros junto con la sensación de estar montados en una atracción de feria y no existía el pasado, ni el presente, ni el futuro!!, estaban viajando en un sueño atemporal.

    Él respiraba el aire de los pulmones contenido de ella que cerraba los ojos para no despertar a la vez que agarraba la camisa de Enrique tirando hacía arriba hasta dejar la espalda de él al aire.

    Por fin me besó, nos besamos.

    se hizo el silencio, solo sentía la calidez de sus labios en los míos, sus manos pasando dulcemente por mi cintura, me sentía como en otra galaxia, como si estuviera andando descalza por una nube.

    VAYA BESO!!! Éramos un solo ser.

    no había nadie mas, ni nada mas.

    solo éramos él y yo.

    aunque para mí.

    en ese momento, solo existía el.

    no existía ni yo misma.

    vaya forma de besar!!!.

    ¿Dónde habría aprendido a besar así???

    Entonces levanta suavemente la pierna izquierda que él reconduce hasta ponerla encima de su rodilla mientras ella se escurre hacia un lateral del asiento.

    Tira de la bota que poco a poco va cediendo conforme tira de la bota agarrando con suavidad la hermosa pierna ceñida en aquella media que asemejaba una rejilla, que permitía el leve roce de su piel con la de ella.

    Por fin sale la bota y queda al descubierto su pie enrojecido por el talón.

    Tomó la llave y entró a su habitación.

    Lo primero que hizo fue ir al balcón y mirar a la calle.

    Se veían pequeños comercios y las casas no eran más grandes de 4 pisos.

    Se podía decir que eran barrios acogedores.

    Junto al hotel había una pequeña heladería.

    Así que decidió que se ducharía y saldría a dar una vuelta ya que le quedaban unas dos horas hasta su reunión.

    La habitación no era muy grande, pero era muy luminosa.

    Las cortinas eran de lino de color amarillo, y la cama era de estilo moderno, sobre la que puso la ropa.

    La llamé, le puse un nombre, Sofía le dije, ven, mírame más de cerca, bésame la punta de mi pene cariño (Dios!! Si yo le sacaba mas de 25 años de edad!!) .

    Cual fue mi asombro que la puta chiquilla se acercó, pero no me miró el pene, no.

    Me puso su chorreante coñito en mi cara; yo quería sexo pero ella más.

    Le lamí todo su húmedo coño, me metí sus pequeñas tetas en mi boca, la follé una y otra vez con mi lengua.

    Acto seguido la enganché y me la llevé a la bañera.

    Quería metérsela allí, quería que viera la luna, quería follarme a aquella perra.

    Me corrí en su almejita ardiente, en su boca, en sus pezones.

    Me corrí en toda ella y ella misma gritó de placer.

    Me desperté, estaba en mi cama, sudado otra vez.

    ¿Otra vez? No! Todo había sido un sueño.

    Pero mi polla estaba realmente tiesa y ardiente.

    Ese día había ambiente en la calle, el café estaba lleno de gente que descansaba de su día de compras.

    Y de fondo el sonido de las ramas de los árboles cimbreando entre si junto con el sonido de un piano procedente de un piso cercano.

    Tocaba rápido, parecía jazz.

    Y al minuto volvió a levantar la cabeza del periódico.

    A lo lejos veía la imagen esbelta de una mujer que aun sin apreciar el rostro juraba que era de ELLA.

    Un contoneo sensual de cintura al andar marcaba el ritmo con las que se movían las ramas, con la que sacudían las sábanas las mujeres, con las que silbaba el tendero.

    Aquellas piernas que había acariciado en el avión también marcaban ya su palpitar.

    Y su rostro a cada paso se definía más y más.

    Luego vino un cuarto y un quinto.

    Por mientras las desocupadas hacían el amor con los tipos que ya habían pasado por mí.

    Lo que siguió pasando no lo sé muy bien.

    Supongo que el mismo agotamiento y las tensiones a las que había sido puesto a prueba se cobraron lo suyo y no podría decir con precisión lo que ocurrió después.

    El caso es que parece que caí en un estado en el cual era incapaz de reaccionar.

    Ni los golpes, ni las amenazas, ni las burlas me hacían el menor efecto.

    Cuando después de aporrearme un poco se dieron cuenta de que algo grave me pasaba me llevaron donde otra mina y que me inyectó algo.

    Y de ahí a la cama.

    Entonces el de atrás eyaculó y sentí su esperma caliente en mi orificio.

    Entonces fue reemplazado por uno de los que tenía adelante.

    Por mientras los masajes que la compasiva niña hacía en mi pene estaban surtiendo efecto.

    Yo también estaba a punto de eyacular.

    Creo que lo hice en el momento de que el jinete de atrás también descargó su semen.

    La mezcla de dolor, placer y humillación era para volverse loco.

    La Valentina me agarró el pelo y me hizo alzar la cabeza.

    La Sofía me encajó de golpe un consolador por el recto.

    Lo hizo con tanta fuerza que los ojos se me llenaron de lágrimas.

    Abrí la boca para gritar y varias manos me agarraron con fuerza del pelo y me empujaron haciéndome que me tragara todo el cañón del tipo.

    Me parece que a él también lo sujetaron en ese momento.

    Empecé a pasarle la lengua por el glande, pero cuando me la quise comer entera, me la arrebató de nuevo.

    No pude resistirme ya cuando me dio la vuelta, me bajó las braguitas de un tirón y empezó a pasármela lentamente por el coño, y es que aun cuando le pedía por favor no me hagas eso era yo misma quien la abría el culo para que entrara.

    Al día siguiente, cuando volví a casa, me estaba esperando en la puerta del portal.

    Intenté hacerme la loca, pero se metió conmigo en el descansillo, en el ascensor.

    Ni siquiera le miré a la cara mientras oprimía el botón del piso, pero él no había ido a perder el tiempo: antes de llegar al principal ya estaban las bragas rendidas en el suelo.

    Se bajó en el siguiente piso, no sin antes fijar su mirada en mis tetas.

    -Déjame ya, Simón, le dije al quedarnos solos, pero ya tenía dos dedos encajados en mi chochito y me obligaba a moverme al ritmo que me marcaba-, y no paró ni siquiera cuando salimos del ascensor, ni cuando abrí la puerta, aunque ni siquiera me entraba la llave.

    Había asistido al diálogo entre aturdida y excitada, aceptando con el cuerpo los toqueteos a los que me sometían, pero al escuchar esto último, intenté‚ enderezarme y recuperar mi compostura.

    En vano.

    El otro estaba ya con la polla al aire, entre mis muslos, mientras mi amante me follaba la boca con su lengua.

    Era como si estuviera partida en dos, con estímulos que iban desde la boca a las tetas, en las que ahora se engolfaban los dos cerdos, ora pellizcándome los pezones, ora sobándomelas como animales, y de estas al coño en el que notaba una polla enorme por delante, la que ya conocía y me tenía sometida y otra, no menos poderosa, empezando a buscar su sitio por detrás.

    Hoy no ha sido un día corriente.

    La paz y la relajación del fin del semana han ido desapareciendo a lo largo de este lunes apático que me tiene desbordada de tantas llamadas, problemas y esta simple reunión de la que acabo de salir.

    Solo quiero que termine la jornada, llegar a casa y tomar una ducha que haga desaparecer en mí esta tensión y este malestar que me embriaga.

    Al otro día me condujeron a la habitación y una a una las niñas me abrazaron.

    Luego me hicieron adoptar la acostumbrada posición de castigo.

    Luego se pusieron a conversar en voz baja.

    De las palabras que logré captar pude entender que estaban esperando algo pero no podía saber que.

    Entonces sonó un timbre.

    La Julia fue la primera en reaccionar Una vez me llevaron a una piscina y nos bañamos todos completamente desnudos.

    Jugamos a salpicarnos agua y un poco de lucha, materia en la cual ella eran expertas.

    Después de tomar un poco de sol sobre el césped sentí que me tocaban el hombro y vi a la Soledad invitándome a seguirla a la piscina y una vez bajo el agua le hice el amor.

    La Soledad estaba muy excitada y estaba alcanzando un fuerte orgasmo.

    Miré y vi a la Susi observando la escena y tocándose los senos y deslizándose las manos cada vez más abajo, mirándome como si estuviera soñando.

    Al segundo día las niñas dijeron que me iban a dar un premio y me condujeron, vendado claro, a un gimnasio que supuse era el mismo donde las había visto bañarse la primera vez.

    Entonces jugaron volleyball una de las niñas me ofreció jugar y así lo hicimos.

    Hasta que nos cansamos entonces me llevaron a los camarines y me hicieron ducharme delante de ellas, entonces ellas se quitaron la ropa y se metieron a la ducha conmigo completamente desnudas.

    Colocó la bandeja en una mesa diseñada para comer en la cama y luego se sentó a mi lado y puso mi cabeza en su regazo.

    Me dio de comer y de beber exactamente como si yo fuera un niño.

    Luego me dejó.

    Me sorprendió tanta pasividad de mi parte.

    Sospecho que me habían dopado.

    El caso es que no sentí el menor impulso de agredirla.

    Me decidí a dormirme otra vez para recuperar las fuerzas.

    Ella me despertó, venía vestida con un delantal blanco.

    Había sido muy sencillo: Tal era mi lamentable estado que uno de esos vendedores de baratijas (parecía muy agradable, tan educado me confesaba después, también ella sorprendida) se ofreció para ayudarla a subirme.

    Una vez en casa, me metieron en la cama y ella, tan acogedora siempre, se sintió obligada a invitarle a tomar algo.

    Entonces abrí los ojos, y de verdad que esperaba que fueras tú, Le aparté de un manotazo, y lo hice decidida a echarle de casa, pero entonces vi ese bulto enorme debajo de la toalla y me paré a mitad del gesto.

    Fue solo un segundo, pero me lo tuvo que notar, porque cambió rápido el la mirada de frustración por una sonrisa descarada: -¨te gusta?, me preguntó- El se acercó de nuevo, y con suavidad, pero con una fuerza que sabía que no podría resistir, me cogió la mano y la atrajo hacia sí.

    Creo que le supliqué para que me dejara, pero no estoy segura.se sentó a mi lado y, con una sonrisa de suficiencia, me empezó a desabrochar los botones de la blusa, uno a uno, con una lentitud eterna, que ponía aún más en evidencia mi cooperación.

    Intenté contestarle como se merecía, pero parecía como si mi cuerpo se negara a obedecerme.

    No sé como ocurrió.

    El caso es que mientras mi cabeza me decía que le echara de casa, mis manos estaban ya jugando con el regalito que me ofrecía debajo de la toalla, y es que ya sabes como me pongo cuando alguien me masajea las tetas.

    Ella se tumbó en la cama y él se sentó en el filo.

    Cogió el pie de Lucía y le quitó el zapato lentamente, que una vez liberado ella usó para acariciarle la espalda.

    Luego cogió el otro pie e hizo lo mismo.

    Se paró para sentir los masajes tan ricos que ella le daba y decidió corresponder.

    Así que se acercó a la espalda y fue elevando el vestido conforme masajeaba con las palmas de las manos los costados de ella.

    Movía los músculos tensos y los dejaba como nuevos.

    Llegó a la unión del sujetador que le impedía continuar y lo soltó.

    Lucía sonrió.

    Luego besó justo donde se unen los corchetes del sujetador, que estaba de un color más blanco que el resto de la espalda.

    Sin duda ella no tomaba el sol en topless.

    Un escalofrío recorrió toda la columna, y es que él sabía que esa zona era muy sensible.

    Volvió a besar ahí, pero esta vez dejando el rastro húmedo de su lengua.

    Siguió acariciando hasta llegar a sus hombros, movió sus manos con destreza conforme besaba la nuca de ella y alrededores.

    Los suspiros delataban la enorme satisfacción.

    Recorrió toda la espalda una y otra vez para que ella se sintiera cómoda.

    La respiración de Lucía se había serenado.

    Estaba segura de con quien estaba y que iba a pasar, quería que pasara.

    Necesitaba besarle, así que se dio la vuelta dejando que sus pechos desafiaran la gravedad y acercó sus labios hasta el cuello de Eduardo que besó desde abajo hasta arriba, besó la barbilla y sus labios, mientras con sus manos le quitaba la camisa y dejaba todo el torso al aire.

    Me quedé abrazada a su cuerpo, no quería apartarme de su lado.

    No había una sensación igual a aquella, sentir sus pechos tocando aquel cuerpo, piel contra piel.

    Así se quedó parada, era algo maravilloso.

    Él besaba detrás de la oreja y en el cuello abrazándola para no perder aquel contacto.

    Enchufé el ventilador (puesto que no tenía aire acondicionado aquel hotel) y me dispuse a tumbarme en esa enorme cama, todo sudado.

    Aquellas gotitas que resbalaban de mi frente hacían surcos por todo mi cuerpo hasta detenerse en aquel pequeño hueco, en mi ombligo.

    Decidí darme una ducha, puesto que aquel calor sofocante no cesaba; llené la bañera con agua fresca pero cual fue mi asombro que al tocarla estaba como el caldo.

    Se habrán calentado hasta las cañerías- Me dije y fui hasta el pequeño frigorífico que teníamos en la habitación para coger una buena bolsa de cubitos de hielo.

    Enrique.

    Tiene 24 años.

    Es malagueño, un boquerón como dicen por allí.

    Es comercial de una empresa textil.

    Su pelo es moreno, los ojos rasgados castaños muy claros, cejas perfiladas, con un maxilar inferior muy formado pero sin ser exagerado.

    El pelo corto por abajo, y por la parte de arriba alargado, con una pequeñísima coleta, las patillas ligeramente largas pero bien cortadas.

    Está afeitado pero se aprecia que si se dejara barba sería profusa.

    Tiene pelo en el pecho, pero no mucho, lo suficiente para que se aprecie desde el cuello de una camisa blanca que lleva con los 2 botones de arriba desabrochados.

    Las mangas arremangadas un poco.

    Un reloj con esfera en color rojo, deportivo.

    Los pantalones sport azul marino, calcetines blancos jajaja, ya la hemos cagao!!, bueeeno, calcetines azul marinoo.

    y los zapatos marrones oscuros.

    Mide metro ochenta, es delgado, le gusta el ciclismo y lo practica los fines de semana cuando no tiene que estar de viaje por su profesión de comercial.

    Ella saco fuerzas para decirme que quería que la follara con mi dura polla que llevaba ya demasiado tiempo abandonada así que fui subiendo poco a poco hasta su boca relamiendole cada centimetro de su cuerpo que me fue posible y empece a comerle la lengua mientras le introducía en su mojadísimo coño, ella seguía gimiendo y yo solo de oirla gemir lo estaba más aún, le volví a tapar la boca mientras aumentábamos el ritmo y llego el momento en el que ella se estremeció y llego al orgasmo y yo consecuentemente también.

    Una vez quietos oiamos como habia mucha gente andando a escasos metros de nostros quizas hablando de cualquier cosa mienrtas nosotros habíamos hechado un polvo a escasos metros de ellos y por un momento creí escuchar: Fue una de las mejores experiencias que recuerdo y senti una excitacion especial por saber que estaba rodeado de centenares de personas.

    Intenté devolverle la caricia, con ese gesto que tanto la excita, un roce ligero, rápido, de los dedos sobre su grupa, entre las nalgas.

    Me interrumpió, y más que por cualquier otro indicio, por ese tenía que haber percibido lo que ocurría.

    La dejé hacer mientras escuchaba en ese agradable duermevela sus gemidos.

    Lo supe sólo cuando me acercó los labios al pene.

    Entonces abrí los ojos y le vi tras ella.

    Una sombra oscura en la penumbra, dominante y segura.

    Dejó caer el periódico sobre el banco y adelantó una mano que delicadamente rodeó su cintura hasta acercarla con un leve impulso hasta su rostro.

    y entonces él le dio un beso en la mejilla, uno solo, uno que valía por muchos.

    era una caricia de algodón, un fundido de añoranza.

    Y así lo recibió ella, con una sonrisa y con los ojos fijos en el horizonte, dando su beso al cielo por sentir aquella maravilla.

    Humedeció sus labios con un leve roce de la lengua y besó el labio inferior de ella como si de un lóbulo de fruta fresca se tratara, y sin dejarlo escapar acaparó intensamente la boca de Lucía que reclamaba más con la respiración entrecortada.

    Sentían el calor de sus rostros junto con la sensación de estar montados en una atracción de feria y no existía el pasado, ni el presente, ni el futuro!!, estaban viajando en un sueño atemporal.

    Él respiraba el aire de los pulmones contenido de ella que cerraba los ojos para no despertar a la vez que agarraba la camisa de Enrique tirando hacía arriba hasta dejar la espalda de él al aire.

    Por fin me besó, nos besamos.

    se hizo el silencio, solo sentía la calidez de sus labios en los míos, sus manos pasando dulcemente por mi cintura, me sentía como en otra galaxia, como si estuviera andando descalza por una nube.

    VAYA BESO!!! Éramos un solo ser.

    no había nadie mas, ni nada mas.

    solo éramos él y yo.

    aunque para mí.

    en ese momento, solo existía el.

    no existía ni yo misma.

    vaya forma de besar!!!.

    ¿Dónde habría aprendido a besar así???

    Enchufé el ventilador (puesto que no tenía aire acondicionado aquel hotel) y me dispuse a tumbarme en esa enorme cama, todo sudado.

    Aquellas gotitas que resbalaban de mi frente hacían surcos por todo mi cuerpo hasta detenerse en aquel pequeño hueco, en mi ombligo.

    Decidí darme una ducha, puesto que aquel calor sofocante no cesaba; llené la bañera con agua fresca pero cual fue mi asombro que al tocarla estaba como el caldo.

    Se habrán calentado hasta las cañerías- Me dije y fui hasta el pequeño frigorífico que teníamos en la habitación para coger una buena bolsa de cubitos de hielo.

    Enrique.

    Tiene 24 años.

    Es malagueño, un boquerón como dicen por allí.

    Es comercial de una empresa textil.

    Su pelo es moreno, los ojos rasgados castaños muy claros, cejas perfiladas, con un maxilar inferior muy formado pero sin ser exagerado.

    El pelo corto por abajo, y por la parte de arriba alargado, con una pequeñísima coleta, las patillas ligeramente largas pero bien cortadas.

    Está afeitado pero se aprecia que si se dejara barba sería profusa.

    Tiene pelo en el pecho, pero no mucho, lo suficiente para que se aprecie desde el cuello de una camisa blanca que lleva con los 2 botones de arriba desabrochados.

    Las mangas arremangadas un poco.

    Un reloj con esfera en color rojo, deportivo.

    Los pantalones sport azul marino, calcetines blancos jajaja, ya la hemos cagao!!, bueeeno, calcetines azul marinoo.

    y los zapatos marrones oscuros.

    Mide metro ochenta, es delgado, le gusta el ciclismo y lo practica los fines de semana cuando no tiene que estar de viaje por su profesión de comercial.

    Llamamos a la puerta para que nos abriera pero había salido, así que Lucía sacó la copia de llaves que Rocio le había dejado.

    Entraron en la casa y pasaron al salón.

    Enrique cogió el mando de la televisión y la encendió mientras que Lucía iba al servicio.

    De fondo se escuchaba el telediario, eran las dos y media de la tarde.

    Cuando salió del servicio se fue a la cocina y puso un cazo con agua para hervirla.

    Luego se acercó al sofá en donde estaba sentado Enrique y comenzó a darle un suave masaje en la cabeza.

    Entrelazó sus dedos entre el pelo y él dejó la cabeza reposar en el sofá rendido al placer de aquel regalo.

    Movía los dedos haciendo pequeños círculos desde la nuca hasta la frente, despeinándole lentamente.

    Pero había algo que a ella le molestaba mucho, esa coletilla!!!, que para colmo tenía una goma muy apretada.

    Tenía que hacer algo!!.

    Miró alrededor y vio que cerca había una caja de costura.

    Así que una mano dejó de dar masajes para buscar en la costura unas tijeras, que por fin encontró.

    Cuando terminaron, cada uno recogió su plato y dejaron la mesa limpia.

    Después se sentaron en el sofá a ver un rato la televisión.

    Rocio con el paso de los minutos y después de haber comido tanto se quedó dormida.

    Lucía se apoyó sobre el pecho de Enrique rodeando su cintura con un brazo.

    Él correspondió acariciando su pelo suavemente.

    Así permanecieron durante largo rato haciendo la digestión.

    Ella saco fuerzas para decirme que quería que la follara con mi dura polla que llevaba ya demasiado tiempo abandonada así que fui subiendo poco a poco hasta su boca relamiendole cada centimetro de su cuerpo que me fue posible y empece a comerle la lengua mientras le introducía en su mojadísimo coño, ella seguía gimiendo y yo solo de oirla gemir lo estaba más aún, le volví a tapar la boca mientras aumentábamos el ritmo y llego el momento en el que ella se estremeció y llego al orgasmo y yo consecuentemente también.

    Una vez quietos oiamos como habia mucha gente andando a escasos metros de nostros quizas hablando de cualquier cosa mienrtas nosotros habíamos hechado un polvo a escasos metros de ellos y por un momento creí escuchar: Fue una de las mejores experiencias que recuerdo y senti una excitacion especial por saber que estaba rodeado de centenares de personas.

    Intenté devolverle la caricia, con ese gesto que tanto la excita, un roce ligero, rápido, de los dedos sobre su grupa, entre las nalgas.

    Me interrumpió, y más que por cualquier otro indicio, por ese tenía que haber percibido lo que ocurría.

    La dejé hacer mientras escuchaba en ese agradable duermevela sus gemidos.

    Lo supe sólo cuando me acercó los labios al pene.

    Entonces abrí los ojos y le vi tras ella.

    Una sombra oscura en la penumbra, dominante y segura.

    Al otro día me condujeron a la habitación y una a una las niñas me abrazaron.

    Luego me hicieron adoptar la acostumbrada posición de castigo.

    Luego se pusieron a conversar en voz baja.

    De las palabras que logré captar pude entender que estaban esperando algo pero no podía saber que.

    Entonces sonó un timbre.

    La Julia fue la primera en reaccionar Una vez me llevaron a una piscina y nos bañamos todos completamente desnudos.

    Jugamos a salpicarnos agua y un poco de lucha, materia en la cual ella eran expertas.

    Después de tomar un poco de sol sobre el césped sentí que me tocaban el hombro y vi a la Soledad invitándome a seguirla a la piscina y una vez bajo el agua le hice el amor.

    La Soledad estaba muy excitada y estaba alcanzando un fuerte orgasmo.

    Miré y vi a la Susi observando la escena y tocándose los senos y deslizándose las manos cada vez más abajo, mirándome como si estuviera soñando.

    Al segundo día las niñas dijeron que me iban a dar un premio y me condujeron, vendado claro, a un gimnasio que supuse era el mismo donde las había visto bañarse la primera vez.

    Entonces jugaron volleyball una de las niñas me ofreció jugar y así lo hicimos.

    Hasta que nos cansamos entonces me llevaron a los camarines y me hicieron ducharme delante de ellas, entonces ellas se quitaron la ropa y se metieron a la ducha conmigo completamente desnudas.

    Colocó la bandeja en una mesa diseñada para comer en la cama y luego se sentó a mi lado y puso mi cabeza en su regazo.

    Me dio de comer y de beber exactamente como si yo fuera un niño.

    Luego me dejó.

    Me sorprendió tanta pasividad de mi parte.

    Sospecho que me habían dopado.

    El caso es que no sentí el menor impulso de agredirla.

    Me decidí a dormirme otra vez para recuperar las fuerzas.

    Ella me despertó, venía vestida con un delantal blanco.

    Cuando llegamos al cuarto, ya estábamos casi desnudos y ansiosos de tener el mejor sexo que en mucho tiempo podríamos tener, en un principio la tome por la espalda y la volví hacia mi, la cargue hasta la cama y en ese momento me dijo que me detuviera, me tomo del cinturón y prácticamente lo arranco, me bajo el pantalón y los boxers, tomando mi verga, que ya estaba mas dura que un tronco, la acarició y en un instante la tenia en lo mas profundo de su garganta, con una mano la tomaba y con la otra me daba un masaje en lo huevos, he de confesar que la succión que le propino a mi verga jamás la había sentido con ninguna otra mujer que me haya hecho una buena mamada, al poco tiempo y por la exitación que sentía le dije que me corría y ella mas fuerte la mamaba y no tuve mas remedio que aventar toda mi leche en su boca y sin que dejara que ni una gota se le escapara se la trago toda, confirmando mi sospecha de que Ana era una experimentada amante.

    Al día siguiente, nos vimos en el despacho con ojos de complicidad y ha sido desde entonces que seguimos cogiendo y teniendo sexo de una forma constante y llena de pasión, al grado que estamos por tener nuestra primera sesión de sexo compartido y quien sabe si en un futuro tratemos de seducir a mi socia y realizar una de las fantasías de Ana y mía.

    Yo ya estaba mas despierto y decidí tumbarla a ella y pasar a dominar la situación, después de besarla y acariciarla en todo su cuerpo empecé a mordisquearle sus claros pezoncitos que Aún seguían duros por la excitación, seguí bajando y le lamí el muslo.

    luego la piel cercana a sus labios vaginales y luego mi lengua fue separando poco a poco sus sonrosados labios, note que le apetecía que se lo comiera y separe cuidadosamente con los dedos sus labios mas exteriores e introducí mi lengua haciendo unos armónicos movimientos hasta que vi que era el momento de atacar a su clítoris al que lamí cuidadosamente y luego casi mordisqueaba, entre lo que le lamía sus jugos vaginales le fué bajando una corriente de líquido hasta el ano y pensé porque no jugar un poco con su ano también mientras le como el coño a mi princesa.

    Le fui metiendo el dedo poco a poco mientras seguia comiendole el clítoris, de vez en cuando yo alzaba la mirada para ver que cara tenía y ahora tenía los ojos cerrados, estaba colorada y al notar que la miraba con sus manos bajo mi cabeza, estaba cerca de llegar al orgasmo y gemía levemente, aunque no era muy fuerte su tono de voz, yo oía gente cerca de nuestra tienda y sabía que nos podían oir así que le tapé la boca y segui con mi acción.

    Por dos o tres veces he estado casi seguro al cruzarme con mujeres.

    Incluso me da la impresión de que ellas desvían la mirada y se ríen discretamente.

    Siempre está la duda de que si ellas pusieron el video en Internet.

    A veces se me confunde la secuencia de las cosas y a veces he llegado a dudar de que hayan pasado realmente.

    He vuelto a mis paseos.

    Camino por las calles de la ciudad en busca de alguna aventura y pensando en el mundo secreto que guarda en sus rincones más ocultos.

    Me vestí y me aventuré a abrir la puerta la que para mi sorpresa estaba sin llave.

    No me costó mucho salir del edificio.

    Tampoco encontré el menor rastro de mis captoras.

    Volví a mi casa y la gente que conocía se alegró de verme, pero como a veces me ausento sin dar muchas explicaciones de lo que hago y en general llevo una vida bastante solitaria, nadie se extrañó de nada.

    Resultó que había estado ausente por unos diez días.

    Yo había perdido la noción del tiempo Me dediqué a descansar y esperar a que se me borraran las cicatrices.

    No tuve problemas para volver a mi trabajo.

    A veces cuando camino por la calle creo reconocer a mis captoras pero nunca estoy seguro.

    Todo esto lo supe por algunos comentarios que hizo la niña que me atendía en la cama y me siguió cuidando por algunos días hasta que pude reaccionar.

    Recuerdo que cuando recuperé la lucidez ella me abrazó y entonces hicimos el amor con mucho cariño.

    Me dijo que al día siguiente podría irme, pero que pasara lo que pasara, me acordara de que ella había sido buena conmigo.

    Yo solo la miré sin comprender, pero no dije nada.

    Ella se tumbó en la cama y él se sentó en el filo.

    Cogió el pie de Lucía y le quitó el zapato lentamente, que una vez liberado ella usó para acariciarle la espalda.

    Luego cogió el otro pie e hizo lo mismo.

    Se paró para sentir los masajes tan ricos que ella le daba y decidió corresponder.

    Así que se acercó a la espalda y fue elevando el vestido conforme masajeaba con las palmas de las manos los costados de ella.

    Movía los músculos tensos y los dejaba como nuevos.

    Llegó a la unión del sujetador que le impedía continuar y lo soltó.

    Lucía sonrió.

    Luego besó justo donde se unen los corchetes del sujetador, que estaba de un color más blanco que el resto de la espalda.

    Sin duda ella no tomaba el sol en topless.

    Un escalofrío recorrió toda la columna, y es que él sabía que esa zona era muy sensible.

    Volvió a besar ahí, pero esta vez dejando el rastro húmedo de su lengua.

    Siguió acariciando hasta llegar a sus hombros, movió sus manos con destreza conforme besaba la nuca de ella y alrededores.

    Los suspiros delataban la enorme satisfacción.

    Recorrió toda la espalda una y otra vez para que ella se sintiera cómoda.

    La respiración de Lucía se había serenado.

    Estaba segura de con quien estaba y que iba a pasar, quería que pasara.

    Necesitaba besarle, así que se dio la vuelta dejando que sus pechos desafiaran la gravedad y acercó sus labios hasta el cuello de Eduardo que besó desde abajo hasta arriba, besó la barbilla y sus labios, mientras con sus manos le quitaba la camisa y dejaba todo el torso al aire.

    Me quedé abrazada a su cuerpo, no quería apartarme de su lado.

    No había una sensación igual a aquella, sentir sus pechos tocando aquel cuerpo, piel contra piel.

    Así se quedó parada, era algo maravilloso.

    Él besaba detrás de la oreja y en el cuello abrazándola para no perder aquel contacto.




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